martes, 24 de febrero de 2015

Hasta pronto, Candilejas


Candilejas cierra. Lo he leído en una noticia de Diario Sur que publicaba Desi en su muro de Facebook. Quien no sea de Málaga no tendrá ni idea de qué estoy hablando. Es muy fácil. Candilejas es una tienda de discos. La frase encierra, en seis palabras, todas las razones de su extinción. No hay mucho que explicar, sobre todo en una época en la que las dos últimas generaciones te preguntan si estás loco cuando les comentas que has comprado un disco.

Era asidua en mi época de universidad. Juntaba lo que podía para comprar un disco a la semana (o cada dos, en época de sequía). Primero fueron los vinilos, luego llegaron los cedés. Tenía todo perfectamente organizado:
- Discos Pat: Metallica, Iron Maiden, Anthrax, Slayer, Motorhead, Barricada, Led Zeppelin, Leize, Skid Row, Misfits, Testament, Megadeth y cualquier cosa que llevase calaveras o melenas en la carátula.
- Candilejas: Fields of The Nephilim, Nick Cave, Siouxie, Jesus and Mary Chain, This Picture, The Mission, Sisters, los Smiths, Peter Murphy, Sonic Youth, Covenant y una lista interminable de todo lo que no encontraba en otros sitios.

Entonces apenas había internet y el mostrador de Candilejas era un mundo por descubrir. Allí aparecieron, como por arte de magia, los primeros discos de EBM y algunas ediciones raras de Einsturzende Neubauten. Fran y Alex hacían un pase de prestidigitador y, ¡voilá!.

Hablemos de Fran y Alex. José Antonio siempre andaba por allí, pero eran ellos dos los que siempre lidiaban conmigo y con mis gustos volubles. Ahora confieso que siempre envidié a Álex por ese cierto parecido con Blixa Bargeld en sus mejores tiempos. Fran, músico e ilustrador de talento para más señas, tenía el don de adelantarse a lo que ni siquiera yo sabía que quería.

Aguantaban con paciencia infinita la insistencia de quienes íbamos un día tras otro a preguntar si había llegado ya nuestro disco. Soportaron con estoicismo las embestidas de las hordas que les acosaban cuando se retrasaba la última edición limitada de 'Héroes del Silencio' cuando los maños melenudos estaban en pleno apogeo.

Cuando pienso en Candilejas siento en los dedos el cosquilleo que precede a una rápida pasada a los discos de las estanterías, empezando por la A y acabando por la Z; recorriendo a toda velocidad los territorios del pop, el rock, el heavy, el indie (que aún no se llamaba indie) y todo lo que se les pusiera a tiro. Primero fue el sonido sordo de los vinilos (zip-zip-zip), luego el correr atronador de los cedés (tac-tac-tac-tac) . 

Me fui de Málaga. Encontré otras tiendas de discos, pero no acababa de sentirme como en casa. Ya se olía el principio de los nuevos tiempos y quienes estaban tras los mostradores, salvo los magníficos Antonio y Amparo de Diskpol, nunca se adelantaban a lo que les iba a pedir.

 Más de 15 años después, volví a Candilejas una mañana. Allí estaba Álex, con el mismo aire a un joven Blixa Bargeld que, a diferencia del chico de la tienda de discos, sonreía más bien poco . Tras una charla rápida sobre la gira de Dead Can Dance, sacó otro de sus discos infalibles. No tenía demasiado que ver con lo que escuchaba hace años, pero, una vez más, acertó de lleno. Una pena no poder saludar a Fran, al que debo tantos descubrimientos musicales y momentos gratos.

Todo eso es lo que desaparecerá si cierra Candilejas. Hay sensaciones que son como plantas exóticas y necesitan un entorno adecuado para seguir viviendo. Sin lugares como Candilejas no hay espacio para la emoción de la búsqueda, ni del asombro ni de acelerar el paso para llegar pronto a casa y sacar el disco de la funda. Lo siento, pero para quienes vivimos aquella época, comprar por internet no es igual. Ojalá el cierre se convierta en mudanza. Yo me autoinvito desde ya a la reinaguración.




lunes, 31 de marzo de 2014

¡Que vivan los que hacen surf sobre los mostradores de los videoclubes!


Hoy me he levantado con una noticia pésima: mi videoclub ha sufrido una baja irreparable. Dijo "MI" porque después de casi 12 años de alquiler intensivo de películas lo considero bastante mío, la verdad. Soy consciente de las consecuencias de mis actos y sé que muchos me dirán "viejuna" cuando confiese públicamente que sigo alquilando películas en lugar de descargarlas de internet.

¿Qué le voy a hacer? Me siento bien yendo a un lugar en el que ya no me preguntan mis datos cuando voy a por mi dosis y en el que no se asustan cuando me voy con una selección de americanadas estudiantiles, peleas de chinos y cine de autor bajo el brazo. Saben qué película lleva mi nombre cuando llega y siempre saludan a Kumo como si fuera el mejor perro del mundo, a pesar de que en sus años mozos marcó las estanterías de un territorio que consideraba propio.

Eran dos, Edu y Mario, los dos igual de fantásticos, pero ahora, como en 'Los inmortales' (Russel Mulcahy, 1986), solo ha podido quedar uno. Las circunstancias obligan y en este caso creo que a las dos mitades de mi videoclub favorito de todos los tiempos la despedida les ha dolido por igual. Tanta descarga, tanta descarga y al final esto es lo que pasa. Alguna he descargado, desde luego, pero mis intentos de infidelidad han fracasado porque no es lo mismo, en absoluto.

Ni se me pasó por la cabeza cuando fui el sábado a por mi paquete triple de los fines de semana que me quedo en casa. A un precio de risa, tres películas que puedo devolver cómodamente el lunes. No me lo imaginaba porque Mario, como es habitual, me atendió con una sonrisa que ni los puentes trabajando ni los malos días ni una gripe le han borrado jamás.

Pues nada, me entero por Facebook de que se acabó, que la cosa está difícil y que Mario ya no estará detrás del mostrador. Y yo, chica dura a base de ver películas de acción y entrenamiento marine, he dejado caer dos lagrimones porque no me parece justo y porque somos muchos los que vamos a echar de menos sus gorras, sus selecciones musicales y sus recomendaciones certeras.

Más allá del deber (John Fasano, 2005) porque cuando las cosas se te tuercen y piensas que el amor es una mierda - precisamente tengo alquilada 'Amor' (Michael Heneke, 2012) y aún no sé si atreverme a verla - ahí tienes las fotos de Mario con Isabel para hacerte pensar que sí, que existe y que a veces le llega en cantidades industriales a la gente que se lo merece. Más allá del deber (John Fasano, 2005) porque te escuchaba cuando las cosas te sobrepasaban y te ayudaba a ver 'the bright side of life' ('La vida de Brian, Monthy Pyton, 1979).

Me apena porque esto parece el principio del fin. Es la misma sensación que producen las tiendas de discos que van amontonando existencias en pilas cada vez más reducidas, como si esperasen vender el último para decir adiós.

Yo me resisto. Seguiré yendo a por películas mientras esté por estos lares porque me gustan los videoclubes y porque siguen Edu y Linda, magníficos donde los haya.

No le pido al destino una primitiva, sino conservar mi trabajo y que mis otros proyectos salgan adelante porque me encantaría contar con alguien como Mario, que, como decimos por aquí, es un jarrillo de lata porque pa' to' vale. Ojalá alguien se dé cuenta muy pronto del potencial que tiene este chico porque si personas así van a la cola del INEM mientras hordas de tarugos rigen los destinos de este país, mal vamos.

Así que, Mario, disculpa el atrevimiento, pero hay cosas que se indigestan si no las dices. Mucha suerte a ti y a los tuyos.

Estoy segura que esto no es un 'The End', sino un 'To be continued'.

jueves, 7 de febrero de 2013

Los móviles, los inodoros y el arroz

 El corazón me ha dado un vuelco cuando he visto el estado de mi amiga Nuria en Facebook. Nuri, tan educada como siempre, informaba a sus amigos de que estaría unos días sin Whatsapp ni llamadas de móvil. Su iPhone penúltima generación acababa de sumarse a la larga lista de móviles que caen por el inodoro. Cuando los accidentes se cuentan por miles hay que empezar a pensar que la casualidad poco tiene que ver en la desgracia.

Salí disparada al cuarto de baño y allí estaba. Mi Blackberry, a la que tantas veces he salvado de la muerte, se disponía a dar un salto mortal. No es el primero de mis móviles que lo intenta. Ya perdí así a un Panasonic semiladrillo para el que programé la melodía del 'Enjoy the Silence' cuando los politonos no eran más que una utopía. Entonces no sabía lo del arroz, que es algo así como un chute de adrenalina en el pecho para los móviles agonizantes. El Panasonic murió y entonces juré que jamás volvería a pasar por lo mismo.

Es cierto que he repetido hasta la saciedad que estaba hasta las narices de mi Blackberry y de sus disfuncionalidades, pero nunca crei que fuera tan sensible. Ella siempre ha alardeado de sus defectos de fábrica y de sus limitaciones como los rasgos distintivos de una especie irrepetible. Los motivos tenían que ser otros. La pantalla iluminada ha arrojado una luz sobre el misterio.




Sinceramente, no creo que sea para tanto. Es cierto que a veces mi Whatsapp está que echa humo, pero ¿qué culpa tengo de ser tan popular? Su mensaje destila rencor hacia el Samsung Galaxy III mini que la ha sustituido en mi bolso. Ha quedado relegada a los Whatsapp - hasta que las erratas del Swipe dejen de ser un peligro para mis relaciones sociales - y a las llamadas a Gibraltar que, dicho sea de paso, maldita sea la tarjeta de llamadas internacionales de Orange (¡vaya timo!).

Afortunadamente llegué a tiempo. De todos modos, desde el incidente de la Panasonic siempre tengo un paquete de arroz cerca del inodoro porque los tiempos de respuesta marcan con frecuencia la diferencia entre la vida y la muerte.

Aún está un poco aturdida. La meteré también en el bolso para que no se sienta desplazada. No termino de ver claras la causa de su arrebato suicida. La comunidad científica ya ha descartado que los Lemmings y los pingüinos emperadores se suiciden para restablecer el equilibro natural. No soy quién para rebatir a los expertos, pero creo que algo de eso hay en las huidas de los móviles retrete abajo. Quizá son conscientes de la superpoblación y han decidido sacrificarse para que los nuevos modelos mejoren la especie. Tal vez es otro caso de obsolescencia programada y no es más que una argucia de los fabricantes para que nunca dejemos de comprar. No sé nada, sólo que es mejor tener siempre un paquete de arroz en casa.

martes, 3 de julio de 2012

Una jornada en el Olimpo

Creía que perder mi trabajo sería el principio de un descenso rápido y directo a los infiernos. No ha sido así, más bien ha ocurrido lo contrario. Resulta que me esperaba un destino más elevado. Lo he comprendido hoy, mientras pedaleaba en una conocida franquicia de gimnasios. Me explico.

El gimnaso que frecuento tiene una hilera de bicicicletas estáticas colocada frente al gran ventanal que da a la piscina, situada unos metros más abajo. Pedaleaba con brío conectada a mi MP3, ajena a los marcadores de kilómetros y de calorías. Estaba como en trance porque, digan lo que digan, una bicicleta que no se mueve por mucho empeño que le pongas es algo antinatural y aburrido. Mirar a los nadadores me relaja por regla general, salvo que se trate de nadadores que no avanzan. Son como bicicletas estáticas humanas que se quedan ancladas en un punto de la piscina por mucho que muevan brazos y piernas. Día tras día intento aplicar mis escasos conocimientos de física y anatomía para averiguar por qué unos sí y otros no. En algunos casos es bastante obvio, pero en otros la ausencia total de movilidad en el agua escapa a los análisis científicos. Puede que a algunos les pese la conciencia y a otros la angustia vital, y que cada visita al gimnasio sea un pequeño intento de suicidio para que parezca que fue un accidente.

Me estoy desviando del tema. Vuelvo al descubrimiento.

Mientras pedaleaba vi que éramos doce personas, pedaleando en bicicletas y mirando desde las alturas a un grupo de hombres pequeñitos ajenos a la razón de su existencia acuática. Van, vienen, van, vienen y van y vienen sin saber que están siendo observados por los doce dioses del Olimpo.

Yo me he pedido Palas Atenea antes de que se me adelante alguien. Una vez consciente de mi destino, he pedaleado con más ganas que nunca. Ahora la bicicleta estática sí tiene sentido. Nuestro impulso conjunto es lo que mueve al mundo. Los nadadores avanzan a nuestro ritmo. Cada vez que alguno de nosotros para  o abandona su vehículo inamovible, un nadador sale de la piscina. Unos vuelven. Otros no.

Ahí siguen. Plas, plas, plas, chapoteando. Hay de todo, pero nada es lo que parece. Llega una señora con  bastantes kilos de más y ya próxima a una edad que en otros tiempos era sinónimo de catalepsia. ¡Zas! Se mete en el agua y se convierte en sirena. Decido concederle 15 años más de vida. Se los merece.

Entra un chico. Tiene un aire a Apolo, pero menos afeminado. Ha tenido el buen criterio de utilizar unas chanclas hawaianas oscuras en lugar de unas sandalias doradas y ortopédicas como las que lleva el hortera de mi medio hermano. Se lanza a nadar y, ¡oh, desencanto!, la inercia le juega una mala pasada y el bañador avanza con unos centímetros de retardo respecto a su trasero. El look albañil hace que la magia se desvanezca.

Un albañil. Eso es lo que parece Zeus, que pedalea a la izquierda. A ese todo le da igual. Pone el piloto automático y va que chuta. Sólo las niñas monas le sacan de su letargo. Ahí entra una. La mira, saca su voz de peón de obra que no ha conocido mujer y dice: "¡AAaaaaaAAAAy, morena, que me convierto en león marino y te enteras de lo que vale un....". Siempre igual, no escarmienta.

Envidio a Zeus. Yo me preocupo demasiado. En realidad no tengo mucho que hacer. Los nadadores creen en el determinismo porque les consuela tener a quién echarle la culpa de sus pifiadas. Se equivocan. Nosotros nos limitamos a pedalear para que su mundo no se pare. Somos como el tic-tac de un reloj de pared con un carrusel de muñecos que entran y salen cada hora en punto. Son la genética y sus propias decisiones las que van marcando cada día de su existencia. Nosotros somos espectadores privilegiados que a veces hacemos apuestas para no aburrirnos, pero nada más.

Empiezo a aburrirme. Quién inventó la bicicleta estática debía de estar enfermo. He decidido cambiar el casco y la lanza por un gorro y unas aletas. Tal vez me entre el miedo escénico al sentirme observada, especialmente con estas pintas. Da igual, lo prefiero, por lo menos avanzaré, aunque sea despacito.

martes, 31 de enero de 2012

Martes de perros


Aquí estoy otra vez. No sé cuánto tiempo tardará la individua en darse cuenta de que he usurpado de nuevo su ordenador. Está intentando poner un poco de orden en la casa. Llevo toda la mañana asegurándome de que nada esté en su sitio para tenerla entretenida un buen rato.

Estos días ha estado actuando de una manera extraña. No mira teletipos ni escribe páginas para el periódico. Personalmente me alegro porque mi relación con la prensa nunca ha sido buena, especialmente con los periódicos enrollados. No duelen, pero interrumpen de golpe y porrazo mis periodos de actividad más productivos.

Algunas mañanas se va a un sitio que se llama INES o algo así. Debe de ser una discoteca nueva en la que ponen música rara de esa que le gusta, aunque a esa hora probablemente sea un 'after'.

Esa es otra, la música. Estoy empezando a hartarme de la música que me pone en el coche. El otro día me puso a Daniel Johnston y no estaba mal. Me gusta más sin arreglos. En uno de los viajes la hermana de la individua puso algunos temas de su Ipod. Tenía unos agudos de lo más armoniosos. Daniel aullaba y yo, ni corto ni perezoso, me puse a hacerle los coros. Se rieron un montón... No lo entiendo porque yo iba muy en serio. Que se ría, que se ría. Si la individua supiera cuánto me río yo cuando intenta cantar algo de Within Temptation cuando conduce... Es que me troncho, estoy por llamar a la MTV para que le pongan la cámara oculta esa que le ponen a los conductores que cantan.

Aún no he llamado a la MTV, pero ya le he creado un perfil en Facebook llamado "Señoras que escuchan a los Maiden cuando van al Mercadona". Es lo peor, está loca. Le he cogido cariño, sí, pero está como unas maracas.

Ve películas sin parar cuando tiene tiempo. Va de selectiva, pero yo la he visto haciendo posturitas delante de la tele cuando salen señores chinos que gritan y dan patadas todo el tiempo. Se queda mirando a la pantalla y dice: "Eso sí que es un caballo cuadrado". Está fatal, necesita gafas porque en la tele no hay ningún caballo, sino un señor chino con las piernas abiertas, los pies pegados al suelo y cara de haber comido pienso rancio.

Al menos lo de las películas tiene algo bueno. Conocí a mi novia en uno de sus viajes al videoclub. Esa es otra historia porque no me gusta hablar de mi vida privada, prefiero airear los trapos sucios de otros.

La verdad es que con esta tengo material de sobra. Es una ególatra. Desde que va al INES se dedica a repartir papeles con letras y su foto en una esquina. Sale fatal en las fotos - las de carné son especialmente terroríficas -, alguien debería decírselo, así que no entiendo ese empeño. Allá ella, hace mucho tiempo que dejé de intentar entender su comportamiento.

¡Uy, ahí viene! Aprovecharé que está limpiando la habitación para tirarme en el sofá ahora que no me ve. El otro día yendo de paseo nos encontramos con un señor que fue alcalde. Nos dijo que a muchos políticos se les ocurren las mejores ideas cuando pasean. Yo he decidido que si me viene una idea, mejor me tumbo al sol hasta que me pase, no sea que acabe de alcalde o algo peor.

martes, 13 de diciembre de 2011

Perreando




Me presento. Soy Kumo, al menos en este momento. Mi nombre cambia según a quien incordie. También respondo por Mazinger, Cabezón, Meónidas, Atila, Tinkerbell, Pestulfo y otros que ahora mismo no recuerdo. He decidido escribir unas letras para presentarme y animar un poco este blog ahora que la individua está echando una partida con la x-box. Está enganchada .



Llegué a esta casa como pude llegar a cualquier otra. La individua había ido al rastro de Sabinillas para buscar discos de segunda mano y alguna antigüedad de pega. Nunca se había planteado lo de meter a un perro en casa. Tan pronto como se le pasaba la idea por la cabeza se buscaba mil excusas para decirse "no" a sí misma...Hasta que vio a mi hermano en una caja.



La promiscuidad de mi madre y un descuido de su amo dio lugar a mi camada. El amo no quería nada de perreras y, al parecer, era poco amigo del genocidio, así que metió a mis hermanos en una caja de cartón y los llevó al rastro para buscar algún pringao que se hiciera cargo de ellos. Otro y yo nos quedamos en el banquillo. Esta pasó y cometió el error de coger a mi hermano en brazos. Fue un flechazo...Por parte de ella, claro, porque él andaba aún medio cegarruto y lo mismo le daba ocho que ochenta. La individua a veces no es tan inconsciente como parece, y en lugar de llevarse al chucho pidió el móvil al amo para pensárselo.



Llamó al día siguiente para preguntar por el perro negro. Lo habían dado. Vino a ver los dos que quedábamos con la esperanza de que fuésemos espantosos. La miré, hice mi caída de ojos especial e incliné la cabeza a un lado en señal de sumisión (es totalmente falso que se me descolgara sola porque era desproporcionada en relación a mi cuerpo, siempre he sido perfecto). Cayó a mis pies. Con el tiempo he ido descubriendo lo manipulable que puede llegar a ser.



Cuando salí al mundo causé sensación. No pesaba nada y esta me llevaba envuelto en un jersey que se ataba a la cintura para poder coger el móvil. Mientras me clavaba los huesos de la pelvis al caminar, comenzaba a tramar mi venganza. Notaba que los dientes estaban al llegar y entonces sería poderoso.



Me he ido adaptando. Podía ser peor. Como, duermo y me escudo en mi corta edad para hacer lo que me da la gana donde me da la gana. Soy un perro privilegiado. Tengo acceso a la información diaria en tiempo real. Sé lo que ocurre a mi alrededor, no como otros perros que no tienen elementos para formar sus propias opiniones. Mi opinión sobre Urdangarín me la reservo.



De todos modos, hay cosas que no entiendo. Me desconcierta esa obsesión por la fregona. Yo como, bebo y dejo que la naturaleza siga su curso. Cuando llega en momento, me siento ligeramente sobre las patas de atrás y pongo la cara de circunstancias que la situación requiere. Ella grita. No sé por qué, la cara se la he copiado, es como la que pone cuando escribe ese periódico en el que luego yo...En fin. Termino con la satisfacción del deber cumplido. La vida es dura: Mi obra nunca vive lo suficiente para que la contemple el mundo. La envidiosa esta llega corriendo con un trozo de papel en una mano y la fregona en la otra. Arte efímero lo llamo.



Me esfuerzo en cultivar mi personalidad. Es lo que nos queda a los que no tenemos raza ni nada que se le parezca. A veces la gente es cruel. La mismas vecinita que antes se mataba para achucharme ayer me miró y dijo: "ah, ha crecido". No te jode, y tú también, pero yo al menos tengo la delicadeza de no reprocharle a alguien aquello contra lo que no puede luchar.



La individua piensa que me estoy asalvajando. Ha comprado un libro de un tipo que sale en la tele. Es algo de educar a los perros. Lo he visto y me han dado escalofríos. No tienen bastante con esterilizar a los míos. Ahora quieren castrarnos psicológicamente. Me he dedicado en cuerpo y alma a impedir que lea esa abominación. Cuando ha llegado a la página "Mi perro muerde" he hecho la cobra y le he pegado al libro semejante bocado que casi me dejo la mandíbula. Prefiero la literatura rusa, la verdad. El otro día le metí un mordisco a 'El maestro y Margarita' y sabía mucho mejor. En cualquier caso, esto era una urgencia.



Mírala, ahí sigue, con el Batman Arkham City. Le estoy cogiendo el gusto a esto de escribir, pero lo dejo, no sea que esta se de cuenta y me ponga a montar páginas. Además, el libro no dice nada de "Tu perro usurpa tu blog", así que de vez en cuando me dejaré caer por aquí.




Nos vemos

martes, 31 de mayo de 2011

Los peligros de los deseos cumplidos

- "Hay más lágrimas por las plegarias no atendidas que por las atendidas"
(Santa Teresa de Jesús)

Mírala. Parece el negativo de un astronauta flotando en el espacio camino de un agujero negro. Así, sola y muerta, parece inofensiva. Nada que ver con el aspecto terrorífico de unos minutos antes, cuando invadió mi sala acompañada de su ejército negro. Cientos de hormigas aladas y de hormigas diminutas buscando un hueco para hacer su nido...Espeluznante. La compasión duró un segundo. "Que paguen el alquiler", pensé, "y si no, que mueran".

Suena drástico. Eran ellas o yo.

Todo empezó hace cosa de un mes. Creo que fue entonces cuando empecé a desear un juicio intermedio. Lo pedía todas las noches antes de acostarme. Quería que se acabara tanta injusticia. Un juicio final me parecía excesivo, sólo quería que toda la morralla que hay por el mundo pagara por sus crímenes. Quería un mundo sin mala gente. Semitabula Rasa. Borrón y cuenta nueva.

Quizá fui demasiado vehemente. Hace unos días los grifos de mi casa comenzaron a escupir agua roja. En mi ignorancia, lo atribuí a la limpieza del algibe. Ayer, al llegar a mi casa, encontré una horda de hormigas de comportamiento anómalo. Daban vueltas sin rumbo en el rincón que queda entre el mueble de los discos y la pared. Las pequeñas corrían enloquecidas. Las aladas daban vueltas sobre sí mismas, como freestylers con chándales de queratina. Después llegué a la conclusión de que estaban taradas por culpa de tanto azufre y tanto benceno en el aire. Más tarde lo vi claro: era la danza ritual de la segunda plaga.

¿Qué se hace con las plagas? Exterminarlas. No hay enemigo pequeño. El reparo que me da matar hormigas desapareció cuando recordé 'Cuando ruge la marabunta'. Un uso masivo de insecticida, dadas mis dimensiones y las de mi casa, entrañaba el riesgo de fulminarme a mí misma. Las artes marciales aquí tampoco valen. Afortunadamente, mi dilatada experiencia en batallas espaciales mando en mano me dio la solución. Recordé el lanzallamas del Dead Space. No tengo lanzallamas en casa, pero la vaporetta me hizo el avío.

Una vez dispersados los disturbios llegó la segunda fase. Admito que la idea no fue mía, sino de mi padre, un estratega nato que me ayudaba con la operación con el pijama de combate desde el otro lado del teléfono. "Bárrelas, júntalas al otro lado de la puerta y gaséalas con el insecticida".


Ahora no hay hormigas, pero me siento mal. Con tantas muertes sobre mi conciencia, creo que es mejor retrasar eso del juicio intermedio.

sábado, 19 de marzo de 2011

Se busca a El Lepero

Anoche hablando con Javi el de Canal Sur salió el tema de las películas.

[ En mi profesión, como en casi todas las demás, pasan estas cosas. Los compañeros nos cambian el apellido. Del mismo modo que algunas terminaciones de los apellidos indican "hijo de", el complemento que se añade a nuestro nombre significa el medio al que perteneces (en tel sentido más extenso de la palabra). Ana la del Área, Vane la del Europa, Nieves la de la Ser...La lista es cada vez más reducida, pero todos se han ganado su complemento a base de muchas horas de patear las calles grabadora, cámara o micro en mano.

Suena mi móvil en casa de mis padres.
- Mi madre: ¿Sandra, es tu hermana?
- Yo: No, es Rocío la del Puerto.
- Mi madre:¿Quién es, alguna folclórica? ]

En fin, a lo que iba. Salió el tema de las películas. A veces, cuando voy al cine me acuerdo de pronto de las películas que ponían en el club de mi casa en Almonaster. Cuando voy al vídeoclub me acuerdo de El Lepero. Me explico.

Lo de las películas eran unos señores que recorrían la Sierra de Huelva para llevar el cine a los pueblos y aldeas. La carretera no era como ahora, sino todas eses, pendientes y estrecheces. Entonces no pensaba en los señores que pasaban horas al volante, sino en saltar desde mi patio por la ventana del club para ver que ponían. Recuerdo cine francés en blanco y negro y 'Pánico en el Transiberiano', que causó sensación. Fue después cuando me di cuenta de que los señores tenían mucha culpa de que me gustara el cine y de que tenía mucho que agradecerles.

La vida. Más de veintitantos años después conocí a uno de los señores. Resultó ser el escritor Hipólito Navarro. Fue en Algeciras. Iba a hacer una lectura y para allá que me fui porque me gustan los cuentos. En uno de ellos hablaba de ciertas prácticas sexuales con melones. La historia, magnífica, transcurría en la misma sierra en la que crecí. La lectura terminó y me apunté a la gira nocturna preparada para el protagonista de la noche por dos escritores amigos, dos escritores grandes que también son grandes escritores. Resultó ser un señor divertidísimo el señor Navarro, pero, comentando lo de su cuento, resultó ser además uno de los señores que ponían películas detrás de mi casa. Pude darle las gracias y me fui a casa un una línea tachada en la lista de cosas que me quedan por hacer.

El lepero. Le decíamos así porque venía desde Lepe con una furgoneta cargada con cajones de fruta con películas Beta y VHS. Venía los martes por la tarde. Paraba en la puerta de mi casa, abría las puertas traseras y acudíamos todos como moscas. Todos los que tenían vídeo, claro.
El niño de Don Alberto, Pablo el de Pepita y Alejandrito el de Las Palmeras - también eran nombres de coplistas, ahora que lo pienso - ya estaban esperando cuando el coche ni siquiera había terminado de frenar. Nos dejaban las películas una semana, así que o rotaban ellas o rotábamos nosotros, pero acabábamos viéndolas todas varias veces. No éramos muy selectivos, la verdad. Nos tragábamos todo desde 'Goldarak' (Grendaize) a 'Terror en el mar Egeo', pasando por 'El hijo del cura', 'El mono borracho en el ojo del tigre' o 'Enemigo mío'. Que yo sepa, todos nosotros hemos crecido listos, fuertes y hasta bastante monos. Tanta hiperprotección a la infancia no puede ser buena.

No recuerdo quién se fue antes, si él o nosotros. Me gustaría darle las gracias y hasta un abrazo. Ahora sí entiendo el esfuerzo tremendo de irse de casa, pasar horas en la carretera y cargar y descargar furgonetas toda la semana. Pues eso, gracias dondequiera que esté.






lunes, 14 de marzo de 2011



Estos días ando un poco aturdida por lo del terremoto en Japón. Cuando viajas estableces vínculos con el lugar y con las personas. Los vínculos son más fuertes cuando viajas sola. Estás tú y están ellos. En este caso, los "ellos" me hicieron sentir, no como en casa, porque para eso no pasas trece horas en un avión, sino como en un lugar en el que era más que bienvenida.
Afortunadamente, los que conocí están bien. Me llegan correos poco a poco. Todos me han emocionado por la entereza y por la fuerza de voluntad que demuestran. Prometen que sacarán su país adelante y que cuidarán de los más perjuidicados. Hoy me ha emocionado uno en el que pedían disculpas por el riesgo nuclear, como si todos y cada uno de los japoneses fueran los responsables. Otras perzonas, quizá, y con toda la legitimidad que da ser víctima de una tragedia, se limitarían a mirarse el ombligo. Por ahí, en cambio, andan preocupados por no causar daños al resto del mundo.

No sólo me preocupan los que me dedicaron su tiempo. Me ayudaron con el japonés, me dieron sus mejores comidas, me mostraron sus rincones favoritos e incluso accedieron a alquilarme una bicicleta fuera de horario para que no me fuera de su ciudad con las ganas de dar un paseo nocturno en bici. Me gustaría saber que el señor, aparentemente con mucha prisa, que insistió en acompañarme hasta la misma puerta de Iwata está bien. Quieron pensar que también lo están el niño que me sacaba la lengua en el metro, las camareras que me ayudaron a escoger entre menús que no terminaba de entender, las señoras que me preguntaban por los futbolistas españoles, los niños que iban camino del colegio, el chico de la recepción del hotel y todos los que dedicaban sonrisas a mi cámara de fotos.
Están dando una lección de cómo mantener la calma y de cómo no dejarse abatir. Nosotros también podríamos enseñarles algunas cosas, por supuesto, pero ahora son ellos los que tienen mucho que decirnos. Lo ocurrido me hace pensar, además, que no necesitamos tanto y que cuanto más tenemos, más podemos lamentar perder. Eso, curiosamente, lo aprendí en Shirakawa, en una casa en la que no tenía mucho más que hacer salvo escuchar la lluvia y el agua que caía desde la montaña, pero ahora lo recuerdo con más fuerza.
Me asombra cómo se preocupan especialmente por la suerte de los ancianos, cuando en occidente ser viejo es una enfermedad contra la que se lucha a golpe de infantilismos y bisturí.
Si me preguntan qué es lo que más me gusta de Japón, es el valor que le dan a la palabra dada. Por eso me reconforta saber que cumplirán su promesa y que saldrán de esta.






miércoles, 2 de marzo de 2011

Se busca a El Murga


Estimados seguidores de el Torneo of Bolos (TOB):

Escribo estas líneas con el que quizá sea mi último aliento. Una jornada laboral demasiado intensa y la tendencia de este gabinete de prensa a una hiperactividad que raya en lo enfermizo me han pasado factura. Pero el deber obliga y si muero, moriré informando.

Mi teléfono móvil se ha iluminado esta mañana para avisarme de que tenía un mensaje. No me atrevo a reproducir su contenido. Ni me atrevo ni puedo. El vocabulario, soez y agresivo en extremo, me ha hecho cortocircuitar.

Una vez recuperada del shock emocional, he deducido que el mensaje, que citaba al diario 'The Washington TOB' como fuente, me notificaba la desaparición de El Murga en un agujero negro.

La noticia me ha causado extrañeza, por cuanto una hora antes había estado con el desaparecido, muy ajetreado estos días por cuestiones laborales. Tengo pruebas en mi pendrive, pero admito que no he vuelto a saber nada del perdedor indiscutible del TOB desde entonces. Ahora, vuelvo la vista atrás, le recuerdo en la foto de su salvapantallas, sonriente y rodeado por ristras de jamones y me inunda la congoja. Pude salvarle, pero fui tan estúpida que no vi las señales.

Leo y releo en mensaje. Cada vez estoy más convencida de que lo del agujero negro es verdad. Dicen que lo que entra en ellos, no sale y, si es un agujero negro supermasivo, mejor ni hablar.

Científicos de todo el mundo, liderados por Stephen Hawkins, han emprendido una investigación contrarreloj.

Sin embargo, otras fuentes apuntan que Marikiti, muy próximo a la derrota en el último encuentro, es el responsable de la desaparición del jugador que ha hecho del TOB lo que es: un torneo en el que lo importante no es ganar, sino no perder.

jueves, 17 de febrero de 2011

Actitudes dictatoriales en TOB

Polémica en el primer día de la nueva temporada de TOB. La partida ha finalizado con una rotunda negativa de El Murga a colocarse la banda de la humillación. Sus compañeros habían decidido democráticamente que el nuevo jugador, conocido en los tatamis como '95 por ciento', estaba exento por tratarse de su bautismo de fuego.

La información procede de Marikiti, por lo que desconfiamos de su veracidad. En cualquier caso, hacemos un llamamiento a los participantes en la partida para recabar más información.

(Seguirá ampliación)

(Por favor, no usen insultos de más de 14 letras porque se nos colapsa el blog)

El Murga emprende su aventura editorial

Hay personas que no saben permanecer inactivas. Saben que la vida es corta y no quieren desperdiciar un segundo. El Murga es uno de esos seres especiales. La inquietud vital le ha llevado a escribir su primera novela mientras esperaba que sus rivales recogieran el guante cargado de vaselina de TOB. Su primera obra, 'La ramera de la bolera' (Romerito Publishers, 2011) narra la historia de un grupo de amigos cuyas relaciones se deterioran cuando se ven inmersos en una lucha devastadora contra la humillación.
El autor confiesa que no sintió inquietud literaria alguna hasta que dejó su primera entrada en LBLCED. "Fue una revelación", comenta, "sentí que mis dedos se deslizaban ágiles sobre el teclado y no podía parar de escribir". Aquella primera intervención dejó fragmentos imborrables, como : "La guarra, serda, jibia, cobardica, pierdeaceite y puerca del Marikiti se pegó la semana pasada una rajada tremebunda".
La frase, hiriente como una estocada directa al corazón, es precisamente el comienzo de su novela. Explica que en principio la había planteado como una 'road movie'. Lo descartó. "Sabía que iban a comparar mi libro con 'On the road', de Kerouac, pero me sabía mal dejarlo en mal lugar con lo que yo le admiro, así que pensé que mejor que no".
Deja muy claro que no le gustan las comparaciones cuando le preguntan por sus similitudes con Bukowski. "Preguntarme por él", responde, "es el recurso de los periodistas sin recursos, ven dos palabras un poco fuertes y piensan: 'claro, Bukowski'. Ya me gustaría a mí ver al Bukowski con la banda de putita de los bolos, ya".
Con o sin influencias, todo hace presagiar un éxito editorial sin precedentes. Fuentes cercanas a los productores de 'Sin tetas no hay paraíso' indican que han mostrado interés en hacer una mini serie de 'La ramera de la bolera', con Javier Bardem en el papel de El Murga.
Parece que no es el único con inquietudes artísiticas. El gabinete de prensa de TOB ha encontrado bocetos de una línea de trajes de baño para natación sincronizada masculina firmados por Marikiti en la guantera del coche de su novia. Los bocetos estaban dentro de un sobre dirigido a la sede de Versace en París. No sabemos si le mueve la envidia o un talento desconocido hasta la fecha.
¿Qué nuevas sorpresas nos deparan los contrincantes de TOB?
Seguiremos informando.
Pie de foto: según El Murga, la fotografía está hecha en algún lugar de Europa, pero nuestros expertos sostienen que se trata de Charco Redondo después de la temporada de lluvias.

viernes, 11 de febrero de 2011

Rajada popular

Cruces de acusaciones, amenazas y excusas. Penoso el espectáculo ofrecido por los jugadores del TOB tras la espantada popular del pasado miércoles, cuando la pista de bolos quedó desierta a la hora prevista para el inicio de la nueva competición. Ninguno de los convocados se presentó tras la aplastante derrota de El Murga que, según fuentes próximas a Salud Mental, recibe atención psiquiátrica desde que tuvo que pasearse por la bolera con la banda de la ignominia sobre el pecho y un tubo de vaselina en la mano.
El incidente salió a la luz el pasado 10 febrero, cuando dos de los rivales, El Murga y Marikiti, coincidieron con el gabinete de prensa del TOB durante una manifestación. (La humillación ajena es divertida, pero no da de comer, así que es preciso compaginar los bolos con otras actividades). Los gritos de reproche entre ambos contrincantes se alzaron por encima de las voces de los manifestantes.
- Mi versión es la única- berreaba El Murga.
- Anda ya, cagaoooo, que te llamé un montón de veces para quedar y no cogías el teléfono - gritaba Marikiti.
- Si hombre, que te llamé y eras tú el que no lo cogía.
- Es que estaba en natación.
- Sí, sí, como gane te vas a enterar.
Sus palabras dejaron al gabinete de prensa sumido en un mar de dudas. Por ello, consultó el blog de Fórmula Romerito, fuente fiable al cien por cien a pesar de estar gestionada por el Puto Crack. Cuál no fue su sorpresa cuando comprobó que había noticia alguna de la espantada del miércoles y, en su lugar, había una entrada de la casi olvidada competición de Fórmula 1.
La reanudación del torneo sigue sin fechas y sin expectativas.
Gran Poder sigue desaparecido. La policía barajala hipótesis de que simula su propio secuestro para dejar que sus rivales se despellejen mutuamente en su ausencia.
Una filtración reciente de Wikileaks revela que Marikiti emigra a Marruecos este fin de semana, en un intento de que los ánimos se disipen en su ausencia.
El Murga trata de justificar su reciente detención tras ser sorprendido con una barra de labios roja del Bodybell y una faldita de cuadros del Bershka ocultas bajo la chaqueta.
El Puto Crack, dicen, se ha afeitado la barba para despistar a sus furibundos seguidores.
El entorno de los jugadores, mientras tanto, se niega a hacer declaraciones. Sufren en silencio los desvaríos de sus parejas, amigos y hermanos. Sin embargo, no se descarta que más de uno acabe durmiendo en el sofá. No debe de ser fácil soportar llamadas anónimas a las cuatro de la mañana.

jueves, 3 de febrero de 2011

Humillante derrota


No tenían suficiente con atropellar vacas y quemar neumáticos. Los corredores estrella de la Fórmula Romerito han decidido dar un paso más en el mundo de los deportes extremos y han creado el Torneo of Bolos (TOB), cuya primera edición concluyó ayer con una derrota de dimensiones siderales. El Murga llegó como la gran promesa de la temporada. Fue, sin embargo, flor de un día. Sólo un punto le separó del cero absoluto.

"Estos cabrones han pegado los bolos al suelo, fijo, porque yo he tirado perfectamente...Además, mi bola estaba mal, en el próximo campeonato jugaré con otra", declaró El Murga unos instantes después de conocerse las clasificaciones definitivas. Sus rivales afirman haber sido objeto de amenazas en ausencia de cámaras y aseguran que la sonrisa de El Murga durante la entrega de premios era una máscara que ocultaba una frustración sin límites.

"Llegó muy chulito él, pero al final na de na", afirmó El Marikiti, que se salvó de la humillación final gracias a los dislates del gran derrotado.

El Gran Poder, la revelación de la temporada, subió al podium en un triunfo que le ha dado la llave del Olimpo de los bolos. La elasticidad de sus movimientos, sus largas horas de entrenamiento con dinamómetros, y una perfecta combinación entre velocidad y puntería se tradujeron en una justa victoria.

El I TOB finalizó con la imposición de la banda y la entrega de trofeos al primero empezando por la cola (ver vídeo completo en www.formularomerito.blogspot.com).El Murga aceptó la banda de 'Putita de los bolos' con una dignidad que resultó ser sólo aparente. Walter Poweranger, experto en lectura labial, ha asegurado que el visionado de las imágenes en cámara lenta descubre el verdadero mensaje del perdedor: "¡Esto no va a quedar así, tengo amigos que pueden terminar de arruinar vuestras miserables vidas!".


Última hora: Vaselinas Paco ha contactado con el gabinete de prensa de TOB para anunciar su decisión de patrocinar a El Murga. Nuestro equipo de diseño ha comenzado los trabajos para diseñar el logo que la vergüenza de las boleras de la comarca lucirá en su camiseta a partir de la próxima temporada.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Un universo colgado del hombro (II)



Dicen que los bolsos de las mujeres son un misterio. Cierto. Nunca acabo de tener claro lo que llevo en el mío y tiene cierta inclinación a volver más lleno de lo que se fue. Este tan 'fashion' me lo trajo mi madre de Canarias. A simple vista parece un bolso cualquiera. Un aspirante a telépata se apoyaría los dedos en las sienes y diría:"Mmmmmmm....Barra de labios, espejo, polvos compactos, pañuelos de papel, llaves, móvil...". ¡¡¡¡Meeeeeec!!! Sólo ha acertado en el móvil

A veces yo misma me quedo estupefacta al comprobar lo que puede caber en un bolso. Sé que ya he hablado del tema, pero es que un bolso es un universo que se despliega ante nuestros ojos con sólo abrir una cremallera.

Zip.

El destornillador lo eché esta mañana para ajustar un tornillo que andaba suelto en un lugar que frecuento. No me ha dado tiempo. La mañana, la tarde y la noche se han complicado más de lo que esperaba.

El disco de Spiritual Front lo llevaba para escucharlo en el coche y lo traigo de vuelta a casa porque me apetece escucharlo con auriculares y los pies secos.

Sí, llevo una bandeja de chorizo de pamplona, otra de jamón york cortado en lonchas ultrafinas y una bolsa de picos variados. Cosas del Aikido. Mi dojo no es como los demás. Allí se celebran los cumpleaños por todo lo alto y los senseis son telépatas que saben que hoy no has podido hacer la compra. A veces asustan.

No se ve, pero también había un regaliz que le compré a Conchita por si le entraba el antojo de pronto. Debe de estar a punto de fosilizarse.

Hay un bloc de notas: puerto, sucesos, regalos de Navidad que no he comprado. Están las estrellas de papel que le compré a Ana y creía haberme dejado en casa, un móvil enloquecido que desde ayer me manda el mismo mensaje cinco veces....

No, esto no tiene nada que ver con Japón. Pero hoy estaba aquí y me he dado cuenta de que un bolso es como un caleidoscopio en que ves todo un día en pedacitos.

A lo mejor sigo con Japón. No sé. Se va alejando y pierdo el impulso de contarlo desde este rincón. Me apetece más compartir los recuerdos que han echado raíces con los amigos mientras tomamos un té o unas tortitas de las que no caben en el plato.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Despertar en Hakone y flashback Nikko









13 de noviembre de 2010

He dormido a trozos, aunque no estoy cansada. Me desperté sobre las cuatro y tenía la sensación de haber dormido toda la noche, así que leí un rato e hice algunas fotos sobre la habitación. Con el yukata, a oscuras y la velocidad lenta de la cámara, mi imagen en el espejo parecía un fantasma de los de las películas de Mizoguchi. Me metí tanto en mi papel de espectro que paré porque yo misma empezaba a darme escalofríos. Volví al futón hasta las seis de la mañana. Al onsen de nuevo, desayuno y adiós a Hakone, Kutsume y sus trucos para contar en japonés.

Me da un poco de pena irme tan pronto . Nada me dice que lo que me queda por ver no vaya a ser igual o mejor. En cualquier caso, será nuevo. Ahora me doy cuenta de cuánto necesitaba romper la monotonía. No es la palabra. Mi vida no es monótona. Era la rutina lo que me estaba entumeciendo. Sin embargo, hay actos rutinarios que empiezan a echarse de menos.
Pensé que sólo era adicta a los vídeojuegos, pero resulta que estoy enganchada al Cola-cao y empiezo a manifestar los primeros síntomas de abstinencia. Busco sustitutos en las máquinas de 'vending'. Hasta el momento sólo he encontrado una especie de batido caliente en lata que sabe a agua con chocolate en polvo
Flashback: Nikko

Empezó fatal. Había que cambiar varias veces de tren desde la estación de Shinyuku y casi al final me despisté. Llegué con el tiempo justo para visitar los templos. La chica del centro de información de Nikko me dijo que me bajara en el puente. Subí a un autobús conducido por el único japonés cabreado que me había encontrado hasta el momento. Cuando me di cuenta de que me había pasado el puente hacía rato toqué el timbre. El conductor cabreado frenó en seco y me bajé.
Miro a mi alrededor y compruebo que no me ha dejado en una parada, sino en mitad de un parque natural que parece más una selva que un parque. Hay una caseta de madera, pero está vacía. Me encojo de hombros: "Bueno, ya llegaré a algún sitio". El paisaje es increíble. Montañas y montañas bajo las nubes. No hay espacio para un haz de luz entre los árboles. Se escucha un río que no veo.

Miro a la carretera por si viene algún autobús. No hay un autobús. Sino un hombre caminando a cuatro patas. La idea de un hombre caminando a cuatro patas me resultaba menos extraña que lo que realmente era: un mono con mucho pelo y el rabo enroscado. Me quedé parada en actitud de "no estoy". Creo que es la misma postura en la que me quedaba de pequeña cuando mi padre me pillaba intentando trastear en los enchufes. Al minuto comprendí que, si se les deja tranquilos, los monos japoneses son mucho menos perjudiciales que algunos conductores de autobús.

Llegué hasta una parada. Los templos estaban cerrados, pero se podían ver desde fuera. Luego caminé hasta la estación. Vi chicas en kimono, bomberos alineados en un parque sin puerta en el garaje, setos que parecían cortados a escuadra y cartabón, y taxistas que salían despacio de sus casas para empezar el turno.
Compré un pastel típico de Nikko, hecho con harina de arroz y relleno con una pasta de fruta. Se deshacía en la boca.

A la vuelta estaba molida. Dormí en los trenes al más puro estilo autóctono, cayendo en un coma profundo y despertando en los cambios de paradas, como si me hubiese tragado un despertador.

Paré a cenar en un restaruante de los de barra antes de volver al hotel y caer redonda. Después, Takayama.

lunes, 6 de diciembre de 2010

El ryokan





12 de noviembre de 2010 (noche)

Termina la excursión y salgo para el ryokan, en Hakone. No es uno de esos ryokan lujosos que salen en los reportajes de televisión. La entrada parece una cueva excavada en la montaña con un porche de madera. Dejo los zapatos en el casillero de la puerta y cojo una de las babuchas que esperan en hilera a los visitantes. Apenas hablan inglés, pero nos entendemos.

Habitación Bambú número tres. Corro la puerta y me quedo sin palabras. Una de las paredes es una gran ventana de cristal que da al cauce de un río cuyo nombre desconozco. No hago mucho por recordar los nombres. Nada más entrar he deseado tener sueño para dormirme escuchando el agua que corre. Le pregunto a Kutsume, la señora que me atiende, y me dice que el río se llama algo parecido a "hayaku" (rápido). El nombre perfecto. El agua corre hacia el mar como los niños que van a ver el océano por primera vez.

Me pongo el yukata. Abriga porque es de algodón. Me queda ancho y corto. Japón no está hecho para mis medidas, pero, aun así, es cómodo. Tanto quejarme de sentarme en seiza en las clases de aikido y ahora agradezco el entrenamiento porque aquí todo está a ras del suelo.

Los onsen sí están hechos a mi medida. Por fin el agua tan caliente como yo quiero. Me habría quedado toda la tarde. Colocas el cartel de "ocupado". Te quitas el yukata. Lo doblas. Te lavas y te metes en el agua. Todo es silencio. No piensas en nada. Quizá sólo he pensado en qué tipo de araña sería la que había en el techo.

Escribo mientras ceno. He perdido la cuenta de los platos. Kutsume me explica qué es cada cosa y cómo se prepara. Es como un cuadro. Me encanta la comida...Casi toda. No hace mucho tuve una mala experiencia con el sashimi y encima he descubierto que si no está cortado fino, no me entra. Por culpa del sashimi vivo uno de los episodios que, seguro, serán de los más bochornosos de la historia de mis viajes.

No quería ofender a nadie dejando en la bandeja lo que para ellos es un manjar. He visto un paquete de cleenex y he visto el cielo abierto. He cogido el plástico y he metido dentro los trozos que sabía inaceptables para mi estómago. Los he aplastado hasta hacer una pasta.

Vuelvo a la cena. Viene Kutsume a retirar la bandeja y se queda. Me da una clase magistral sobre cómo contar en japones con toallas, frutas, termos y todo lo que pilla a mano. Mai, dai, ko, hon,bon, pon...Así seguro que no se me olvida. Dice que aun siendo japonesa a veces le cuesta. Seguro que es para consolarme.

He esperado a la madrugada para ocultar el cuerpo del delito en la manga del yukata y tirar el contenido de la bolsita por el modernísimo inodoro.Antes hago una mini prueba para asegurarme de que el chisme traga bien. Sólo me faltaría atascar el onsen con un trozo de atún crudo. No quiero ni pensar en cómo me quedaría si, como consecuencia de una fontanería creativa, estando a remojo en agua caliente de pronto me saliera un trozo de atún crudo disparado desde la cañeria por la que entra el agua. Más de uno me retiraría la palabra si se enterase de esto, hay mucho fundamentalista nipón nacido en tierras occidentales.

En el avión leía un relato de un libro de Ishiguro que me prestó mi hermano. Un músico sin éxito y una famosa dedicada a vender exclusivas salían de excursión nocturna por un hotel con las caras vendadas después de una operación de estética. El músico acaba con la mano metida en un pavo relleno para recuperar un premio que previamente habían robado. Me reía más al pensar que esas cosas pasan, sobre todo por que les ocurren a otros.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Fuji San







12 de noviembre de 2010

Acabo de ver las hojas cayendo de los árboles cerca de la quinta estación del monte Fuji. Caen despacio, pero son de tantos colores entre el marrón, el rojo y el amarillo, que no da tiempo a contarlos. Voy en el autobús. Aunque sólo se escuchan las palabras de la guía y el motor, casi se oye el sonido de las hojas al quebrarse contra el suelo.

Aún no he podido ver la cima. Debe de estar nevado. No he caído. Tenía que haber quemado incienso en el templo shinto que había en la quinta estación para pedir sol durante unos segundos. No lo he hecho porque los adornos en forma de "M" sobre fondo rojo de la entrada me recordaban al logo de Mc Donalds y eso en un templo no inspira mucha confianza.

No he visto la cima, pero el monte se sentía. El viento helado me llevaba ladera abajo y me adormecía la nariz. Ha nevado un poco. No recordaba la sensación de tener copos de nieve enredados en el pelo. Echaba de menos el frío.

Me gustaría volver alguna vez en verano para llegar hasta la cima, sólo se puede subir en julio. Me cuesta entender lo que dice la guía, es un inglés extraño. Me parece entender que el primero en subir fue un japonés de muchísimos años que subió las cenizas de su padre. Lo mismo no dice nada de eso, pero sería una bonita historia. Es un bonito sitio para descansar, con estos árboles, las rocas de lava y el viento.

He mandado una postal de cumpleaños desde la quinta estación y he colocado algunos sellos con la silueta del monte en mi cuaderno. He probado el dulce de wasabi en una tienda y he comprado un paquete en una tienda para turistas. Seguro que me va bien en los ataques de hambre nocturnos en hoteles y riokanes.

No me lo creo. Ha salido el sol y he visto la cima en el camino al hotel en el que vamos a comer. La guía ha cantado una canción japonesa sobre el Fuji San cuando lo hemos visto a lo lejos. Aplausos merecidos. No he hecho fotos porque temía que se esfumara mientras encendía la cámara.

Un rato después llegamos a un hotel para comer. Nos ponen una bandeja dividida en cajitas con sushi de atún, pollo, todo tipo de verduras, un cuenco de arroz, sopa de miso y, por supuesto, té. En el hotel sí hago fotos. De lejos se veían las primeras nieves. No sé por qué esta fijación, quizá por Mishima.

Salimos para la zona de los lagos. La guía cuenta que una de las cosas más importantes de la ceremonia del té es la idea de que nunca es la misma. Puede ser el mismo lugar, pueden ser las mismas personas, pero el estado de ánimo, el tiempo y las personas mismas cambian de una vez para otra. Por eso hay que vivir cada ceremonia como si fuera única y dejar todo detrás cuando se entra en la habitación. La vida es así, por eso no hay que dejar las oportunidades. Es mejor equivocarse que pensar "qué habría ocurrido si ..."

Hemos seguido con el recorrido, muy de turistas japoneses, pero a mí me gustaba. Esto y los templos es lo único que llevo programado como excursión. El resto, ya veremos. Hemos subido al monte Komagatake en teleférico. La mayoría estaban cancelados por el viento, pero nuestra cabina era de las fuertes

Yo quería el barco pirata, pero en el lago me ha tocado el vapor del Mississipi. Tampoco está mal. Todo muy kitsch. Me he subido a la última cubierta. Me gustan los barcos y me gustan las alturas, menos en las norias. Manías. Tengo pocas pero importantes. Todo va a cámara lenta. El barco corta el agua despacio y la niebla recorta los árboles, parece que han perdido la cabeza

Se está bien sola, aunque no descarto la posibilidad de volver al lago con acompañantes de espíritu competitivo para echar carreras en los cisnes a pedales.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Primeras páginas: Tokio









11 de noviembre de 2010

Voy en el tren hasta Utsunomiya y allí cambiaré para llegar hasta Nikko para ver los templos. Es mi tercer día aquí y me alegra ver que muchas cosas son tal y cómo las esperaba. Me alegra aun más ver que muchas más tienen poco que ver con lo que había imaginado. Si la imaginación llegara a todos los rincones, viajar no tendría mucho sentido.
Es difícil imaginar un olor o una canción que nunca hemos escuchado. Puedes fantasear con quiénes te encontrarás con el camino, pero las reacciones de quienes finalmente te encuentras siempre te sorprenden. Casi todo es distinto. Los sabores que en España dicen japoneses nada tienen que ver con los de aquí. Los sonidos son menos estridentes que los que cabría esperar en una ciudad como Tokio.

Tokio es como una máquina que fluye en lugar de avanzar a un ritmo mecánico. Parece moverse por impulsos eléctricos siguiendo las indicaciones de los letreros de neón. Susana lo llama Matrix y tiene razón. Tal vez la ciudad se desvanecería si despertaran todos los que cabecean en los trenes, en los metros y en los bares que no parecen bares.

Me impresiona ver las luces, las pantallas gigantes y las pizarras cuyas letras de colores fingen parpadear en la noche gracias a un truco de iluminación. Sin embargo, es tan sólo una impresión breve a la que uno se acostumbra rápidamente. Hay otras impresiones más profundas.

Pasear por el parque del emperador ha sido como caminar hacia atrás. Piensas que tus pies están pisando el mismo suelo que los de otros que cambiaron un pedazo de historia. Entonces te das cuenta de que, a pesar del halo legendario que da a algunos lugares el paso del tiempo y la tendencia de la memoria colectiva a engrandecer el pasado, los que estuvieron allí también fueron humanos. Eso les hace más fascinantes.

Los templos de Tokio no me dejaron tanto esa sensación, pero visitarlos mereció la pena. Creo que formarán parte de los momentos que parecen leves cuando los vives y que después vuelven con fuerza multiplicada. Ahora voy a Nikko y estoy segura de que en algún momento tendré que contener la respiración.

Ahora sí


Estaba remoloneando. Me había propuesto contar por aquí mi viaje a Japón y al final me quedé dando vueltas por Facebook. Hoy hablaba con un compañero de aikido y me preguntaba qué tal por allí. Juan pregunta, Mati pregunta, JJ pregunta...Normal. Es una alegría estar rodeada de gente curiosa. Sin curiosidad estaríamos parados desde hace siglos. Hablaba con Pedro y recordé el cuaderno.
Me lo regaló mi madre hace no sé cuánto tiempo. Lo guardaba para una ocasión especial. La ocasión especial llegó. Lo metí en la mochila para tenerlo a mano. No empecé a escribir hasta que llevaba unos días en Japón. No hay orden ni concierto, y sentido, poco. Es más el viaje por dentro que por fuera. Son frases escritas a lo loco en trenes, autobuses, estaciones, ryokan y cafeterías, sobre todo Starbucks que, aunque nunca ha sido santo de mi devoción, se convirtió en una especie de puerta a lo que tenía lejos. Un capuccino caliente, una cookie de chocolate gigante y un descanso entre salidas y llegadas.
Poco antes de salir me preocupaba viajar sola. Ahora me alegro de haberlo hecho. Por un lado, la agencia (Occius, que lo bueno hay que decirlo) me preparó el viaje tal y como yo lo quería, con alguna sugerencia extra que acerté. El inglés, el poco japonés que sé, la intución y la amabilidad extrema de los japoneses hicieron que todo fuera rodado, incluso en los momentos de despiste.
Es una manera también de dar las gracias a Andrés, Carmina, José Antonio, Alberto Galán, Carlitos (que andaba por la India), Jota, Natalia, Mati, Paco Guerrero, Paco Carrasco, Fran,Tequila, Vanessa, Alberto Gallego, Conchita, Juan, Ana, Luis, Christian, el otro Carlitos, Javier, Estefanía, Jesús, Jose, Raquel, Vicen, el otro Jesús...Todos los que me han acompañado por correos y facebook. También es un agradecimiento a los desconectados virtuales, pero que me esperaban a la llegada con un kebab y un disco bajo el brazo. Sobre todo, gracias a mi familia (tito, también va por tí y el resto de las huestes cartageneras), que en lugar de decir "ay, no te vayas, ¿qué vas a hacer tú sola por Japón?", me llamó minutos antes de coger el tren para Madrid y decirme: "Chani, pásalo bien, nos hace tanta ilusión como si fuéramos contigo".
Ahí va, por capítulos.