viernes, 15 de octubre de 2010
Genios en la sombra
lunes, 11 de octubre de 2010
Los misterios del lejano Oriente
Había cerrado el blog por enésima vez en una enésima crisis existencial y narrativa. Nada que contar, o, al menos, pocas ganas de hacerlo. Estaba totalmente decidida a no reabrirlo, pero vuelvo a estar motivada. Mi querido amigo Andrés ha ganado el premio Migraciones de la Junta de Andalucía. Ésa es la noticia que a estas alturas, y no gracias a él precisamente, todos conocen.sábado, 18 de septiembre de 2010
Los androides también sueñan con el Florida

jueves, 16 de septiembre de 2010
Incompatibilidades
Luego me quejo de que no tengo tiempo para nada. Al final ha sido más fuerte que yo y también me he apuntado a clases de kung fu. Habrá quién diga, y estoy de acuerdo, que sería preferible que antes aprendiera a rodar en aikido en lugar de hacer el avestruz cuando voy al suelo. Estoy en ello. En cuanto mi brazo esté bien del todo, no pararé hasta que dejen de conocerme en los tatamis de toda la comarca como "El pequeño alud" y comiencen a llamarme "La pequeña bola de nieve que rueda por la montaña sin apenas tocar la ladera".jueves, 5 de agosto de 2010
Civilización
En días como hoy me apena que se pierdan las tradiciones. Echo en falta, por ejemplo, la sana costumbre de echar aceite hirviendo muralla abajo. No hablo de abrasar a nadie de forma indiscriminada, que no se me malinterprete. Hablo de medidas justificadas contra quienes agotan tu paciencia después de varios intentos de negociación fallidos.Dentro de nada serán las tres de la mañana y madrugo. Muy probablemente tendré que conducir, así que debería estar dormida desde hace un par de horas mínimo. Pues no me dejan. Un grupo de señoras se ha parapetado debajo de mi ventana a contarse historias que, si las entendiera, diría que aburrirían a un muerto. Se las escucha a 3oo metros a la redonda. Ellas parecen bastante satisfechas de tener un auditorio tan concurrido, así que suben la voz hasta acobardar a las pavanas más furibundas.
Están justo debajo de mi ventana. Miro por la rendija entreabierta y descarto el diálogo de entrada porque estas parecen de las de "pues ahora sí que no me voy". Pese a la ausencia de negociaciones, su actitud desafiante justificaría una reacción proporcionada por mi parte.
Mi lado racional me detiene. Me dice que las ordalías, los empalamientos y las catapultas son cosas de tiempos bárbaros que, afortunadamente, quedaron atrás. La pena es que la civilización haya llegado a algunos sí y a otros no. Hay pocas cosas menos democráticas que la civilización.
Un momento.Escucho el vocabulario que se se gastan las señoras y los alaridos que pegan cada vez que alguna intenta abandonar la manada. Llego a la conclusión de que me he equivocado. Yo pensando que eran unas incívicas y resulta que en realidad acaban de salir de alguna cueva.
¡Qué injusta he sido! Probablamente hayan atravesado un agujero de gusano directamente desde el Paleolítico Medio, con el miedo que tiene que dar estar en la puerta de tu osera tan tranquila y aparecer de pronto en una urbanización de la Costa del Sol. Pobres, tengo que ayudarlas.
Si vuelven mañana, bajaré, les pediré disculpas por mis juicios precipitados y me ofreceré educadamente a buscarles un agujero espacio-temporal que las lleve de vuelta al antro del que han salido. Seguro que me lo agradecen.
jueves, 29 de julio de 2010
Noche canalla

martes, 27 de julio de 2010
Al final resulta que yo también soy retro
Cuando era mucho más joven escuchaba a los que decían lo bueno que era todo en sus tiempos y pensaba que no me pasaría a mí. Me ha pasado y resulta que no está tan mal. La visión retrospectiva me hace reconocer unos síntomas que en su momento pasé por alto. Ahora los reconozco y los acepto, igual que un corte de pelo que al principio no te convence y al final te hace ver lo cómoda que estás sin largas sesiones de secador.
Sigo comprando discos, lo he dicho muchas veces. Crecí con la ilusión de quitarles el papel de celofán y escucharlos hasta que me los sabía de memoria. Ahora escribo mientras escucho Vaya Con Dios en Spotify, el equipo de música me queda fuera del alcance del ordenador, pero no es lo mismo. Los discos serán todo lo que tú quieras, pero no se paran de pronto entre canción y canción para endiñarte un anuncio en el que un coro de mujeres reprimidas por los clichés de la música publicitaria canta "libérate, libérateeeee...".
Hay más. A veces las prisas me hacen comer cosas cuya etiqueta me hace preguntarme si no habrán puesto en los ingredientes la composición del plástico por error. Es la necesidad. Donde me pongan la comida casera... De pronto me ha venido a la cabeza el hígado con tomate que hacía la madre de Carlitos y que Carlitos tenía la amabilidad de compartir. Eso, las compañías, y las fiestas en las que el Cristo amanecía con un chupito en la mano y un cigarro en la otra, eran lo único que se salvaba del piso de estudiantes más abominable que he visto jamás.
Hoy hacía una entrevista a las tantas de la noche y la conversación se prolongó más allá de la entrevista. Es mucho mejor media hora de conversación con un semidesconocido que tiene algo que decir que decenas de horas por facebook con alguien que enmudece cuando te tiene delante como si estuvieras de cuerpo presente. El facebook se queda, definitivamente, para los que están lejos o para ahorrarme los SMS que tanto me cansan.
Seguramente me compraré un e-book cuando quiera hacer un viaje largo sin dejarme los riñones en el intento, que bastante tiento ya a la suerte con mis caídas de aikido. Aun así, me sigue gustando mucho más la sensación de notar cómo me descuelga el libro de las manos cuando intento leer más allá del sueño. Como se me descuelgue el e-book, adiós, adiós.
Hay sensaciones que te abren una puerta. Una palabra te lleva a una canción, una canción a un libro, un libro a una foto, una foto a un gesto y un gesto a otro gesto directamente proporcional.
No sé, a mí esas cosas no me pasan con las cosas de la era digital. ¿Qué se le va a hacer?, soy un antigua.